CRONICA 1º; LA NUEVA POLITICA



         El primer cuarto del siglo XXI pasara a la historia por ser la era de las turbaciones políticas, que quizás marquen el destino del caos de este siglo. Formaciones políticas con apenas un año de existencia, y sin estructura interna que marquen las líneas ideológicas que van a seguir, gobiernan hoy Francia, la segunda economía Europea; en Italia un partido con apenas cinco años lidera las encuestas de opinion;  en Grecia un conglomerado de siglas de izquierda gobierna sumida en sus propias contradicciones; en Inglaterra se enfrenta a la sin-razón del Brexit; en España la oposición esta comandada por una formación con apenas cinco años, nacida en los claustros de la universidad, bajo la sombra del descontento (cabreo) de una sociedad que se vio sorprendida por un "tsunami" llamado crisis; y la nación mas importante de nuestro planeta, esta gobernada por un iluminado neófito de la política, con un profundo egocentrismo vacío de contenido, cayendo en la rotundidad de los perjuicios xenófobos y su  percepción personal.

        Algunos de estos "politicos" que han surgido como padres iluminados de las nuevas formaciones políticas padecen el síndrome de Procusto, que los define cuando han llegado a un estatus de poder, como esas personas que al ser superadas por el talento del que tienen enfrente, deciden menospreciarlos, ridiculizarlos con acciones banales o sus defectos físicos para deshacerse de ellos. El miedo a ser expuestas sus propias  contradicciones les lleva a vivir en una continua mediocridad, donde no avanzan ni dejan que otros lo hagan.

        Vivimos en la era de los números, de la imagen, con la complicidad de los medios de comunicación que solo les interesan las estadísticas. Existen encuestas para todo y de todo, hay organizaciones, con nombres rimbombantes e impronunciables, que solo se preocupan de ponerle números a cada uno de nuestros actos, con la mera intención de hacernos sentir culpables. Me pregunto ¿Qué representa realmente estos números?, cuando en realidad todos desconfiamos de las estadísticas, ya que nos incomodan, porque en parte nos quitan la razón. Los números de las estadísticas nos encasillan, y ninguno queremos ser arquetipo de nada.

YO CON SU PERMISO CONTINUARE CON MI MEDIOCRIDAD.


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